miércoles, 11 de noviembre de 2015

Magia y poder

noticia de elpais.com

Aunque parezca increíble, la magia entronca tanto con la religión como con la ciencia, sus más enconadas enemigas. La historia de los milagros y otras maravillas ha de partir inevitablemente de la propia ingenuidad del ser humano al enfrentarse con los fenómenos naturales: posiblemente el primer espectáculo de magia fue provocado por aquellos que sabían encender el fuego.

Al científico no le costará hacerse pasar por mago. No fue esa la intención de, por ejemplo, Arquímedes, de quien se dice que incendió la flota romana que intentaba invadir Siracusa valiéndose de un enorme espejo cóncavo. Cristóbal Colón sí pretendía la consideración de mago ante los indígenas jamaicanos cuando escenificó un ilusorio poderío sobre los astros, sabiendo que en aquel momento preciso iba a producirse un eclipse. Los sacerdotes egipcios ya utilizaban trucos para asombrar a los fieles, aplicando la física: abrían y cerraban las puertas del templo a voluntad mediante un ingenio mecánico que combinaba el fuego y el vapor de agua. También es de origen egipcio el método para paralizar una serpiente provocándole catalepsia: un milagro que se anotaron Moisés y su hermano Aarón ante el faraón, según el relato bíblico.
Si la ciencia se ha usado para fingir poderes mágicos, el ilusionismo ha servido para simular poder militar. Uno de los magos más célebres, Jasper Maskelyne (1902-1973), nieto del también mago John Nevil, se ganó su fama durante la II Guerra Mundial creando asombrosos camuflajes en África para desorientar la maquinaria bélica de los nazis. Quizá hay mucha exageración en su autobiografía, pero algo hay de verdad en sus astucias para disimular tanques dándoles apariencia de camiones y al revés. Para confundir al enemigo, aparentó concentraciones de tropas en lugares que no figuraban en los planes militares. Un complejo juego de luces protegió el canal de Suez deslumbrando a los bombarderos enemigos y construyó una réplica del puerto de Alejandría en una bahía más alejada. De noche se apagaban las luces del verdadero y se encendían las del falso para atraer a la aviación nazi hacia un objetivo equivocado.

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